martes, 3 de agosto de 2010

QUIERES SER FAMOSO?

Si quieres ser famoso lo puedes lograr con lo bueno, pero te tienes que romper el c...(cuello?)

¿Por qué las ansias de publicidad y cámara en este pedazo de tierra nuestro tienen que saciarse con lo mal hecho? ¿Qué ejemplo estamos dando los medios de comunicación a las generaciones futuras, a la juventud creciente?

En los últimos días medios de comunicación, periodistas y entidades del orden exaltan sin límite la imagen de una mujer prófuga de la ley con un mal manejo. No quiero decir su nombre. Estoy harta de que la mencionen libremente, volviéndola relevante, mostrando su falta de vergüenza y respeto frente a la ciudadanía, sin que a nadie le importe. No quiero que ese nombre quede grabado en el subconsciente de alguna otra mujer que entienda que tal vez también se la pueda buscar como amante de un capo y diga “por fin la pegué” sonrientemente.

Y no me opongo a que las cosas se conozcan de manera seria y justa, ese no es el punto. Pero lo que se ha obtenido con todo esto no es más que un “embulle mediático”.

Facilísimo lo tienen los periodistas y facilísimo el gobierno entonces, que se escuda tras el boom del momento y aprovecha para anunciar una resolución en los aumentos de los impuestos, perdón, de “indexación por inflación”. Muy oportuno, cuando el pueblo está entretenido celebrando lo malo y lo barato, aprovechen pues ahora y…”hasta donde dice Cirilo”.

Qué difícil es sobresalir por lo bueno en este país, donde la masa pensante es catalogada de loca o hippie… Hay que tener muchas relaciones y cuñas para que los trabajos serios sean reconocidos, para que el pensamiento que nos pudiera llevar hacia el desarrollo sea desempolvado y se le de permiso de salir de alguna gaveta oscura. Hay que tener mucho temple para que el dueño de las buenas ideas llegue hasta arriba no se deje corromper y pueda seguir pensando en el beneficio colectivo. Los hay, no digo que no existen, pero que escasos son.

Mientras tanto, tranquilamente la mujer del momento se gana la cámara, las primeras planas, los programas de panel, los de moda…hasta los pensamientos de todos.

Despertemos pues.

viernes, 23 de julio de 2010

No Soy VIP

No soy “VIP”, odio ese concepto que ha sido tan mal empleado.

¿Quién se inventó que estando en un palco, mirando hacia abajo con altanería, la importancia del ser humano crece? ¿Quién fue que dijo que tengo que separarme de las masas de mi pueblo para ser importante?

Nunca me he sentido más importante que cuando estoy con todos. Nada me da más orgullo que saber compartir mi vida de manera natural en todos los ambientes y en todas las situaciones. Ser un “todo terreno”. Saber que valgo para los demás por lo que puedo aportar con mi compañía y mi cabeza. Sean risas o erudiciones, no importa.

Me siento VIP cuando soy capaz de aprender de los demás, cuando veo las costumbres y la manera de pensar de las multitudes. Cuando reconozco el sentir actual y el camino que recorre el pueblo. No siento miedo de ser uno de ellos. No siento miedo porque acepto todo lo que me brindan y me quedo con lo que verdaderamente vale. Con el corazón y lo genuino.

Me creo importante cuando siento la felicidad y la algarabía de todos. Cuando bailo y salto al compás de los que son auténticos. Seres humanos como con deseo de vivir y disfrutar sin importar cuanto tiene su bolsillo (sea mucho o poco). Cuando sé que puedo encontrar un nuevo amigo teniendo los pies en la tierra.

No quiero mirar a nadie desde arriba.

¡Pero que se comprenda bien mi concepto! Porque no miraré con desdén a alguien que pudiera tener posición económica o social, porque en mi mente son también parte del todo, de la experiencia global...

Mi mirada de ser humano siempre estará a la altura de los ojos de la vida, cerca del alma y lo verdadero, donde nace la belleza.

Mi mirada elevada, la de altura, está sólo en mis pensamientos y en el desarrollo de las ideas.

miércoles, 9 de junio de 2010

Querido Billy

Algunos días cuando me levanto, tomo uno de los libros que tengo de Billy Collins y leo algún poema elegido al azar. Es una de las más hermosas formas de despertarme que he descubierto. Contrario a Billy, no soy una persona muy dada a las mañanas, no sufro de insomnio (casi nunca) y sueño a diario con poder quedarme un rato mas entre mis sábanas. Pero leerlo, sobretodo muy temprano, en sus horas favoritas me hacen sentir que me conecto un poco mas con sus palabras, con la delicada y considerada percepción que tiene de la vida y del inicio de cada día.

Algo que me encanta de Billy es que no necesita nada para inspirarse, ningún evento relevante, ni siquiera algún hecho que evoque un sentimiento. El ve poesía en todo. En las flores de la mañana, en el pasto húmedo, en las nubes, en los libros de sus estantes, en algún garabato sobre una hoja, en los fantasmas del pasado y hasta en su perro. Una vez escribí en un poema que todo es poesía, demostrando esa teoría Billy es un maestro.

La primera vez que supe de él fue en casa de una amiga conversando sobre libros una tarde, ella me leyó el poema que se ha convertido en mi favorito “Japan”. Al escucharlo por primera vez se inundaron de lágrimas mis ojos. Cuando terminó de leerlo, tomó el libro abierto, lo apretó contra su regazo y junto a un suspiro dijo que lo amaba. Luego me lo ofreció como regalo, que regalo más maravilloso”. A veces en vez de leer un poema cualquiera vuelvo a buscar “Japan” y me dejo envolver por sus versos, por la vibración de la campana sonando en mi mente y siento el peso de la mariposa sobre mis hombros. Veo a su perro mirándolo cuando grita por la ventana en su experimento… Lo leo varias veces porque nunca quiero que termine, luego, de la manera que me enseñaron, abrazo el libro con fuerza y pienso que lo amo.

La libertad en bicicleta.


Desde que era una niña luché por lo que consideré mis derechos. Ahora me rio por todas esas tonterías en las cuales creí. No era una niña desobediente, pero siempre supe pronunciar mi desacuerdo con respecto a lo que consideraba injusto, aunque al final tuviera que cumplir con el deber.

Siempre tuve ansias de libertad, salir de esas paredes y vivir mi vida de la manera que quisiera. Mi padre lo sabía y sentía miedo. No quiero dar a entender con esto que mi infancia fue infeliz, de ninguna manera, lo que sucedía era que esa fuerza que rompía las barreras nacía constantemente por dentro y no la sabía controlar.

Una vez me escapé en mi bicicleta. Emprendí una misión secreta que no era el escape definitivo, pero si una prueba de lo que pudiera pasar. Recuerdo la brisa que acariciaba mi cara, mis piernas pedaleando con toda rapidez, miraba hacia atrás de vez en cuando para ver si alguien lo notaría. Cuando doblé la esquina mi padre empezó a llamar, no estaba permitido salir de nuestra calle. Pedaleé con más fuerza aun y en mi cara se sembró una expresión de orgullo. Le di la vuelta a la manzana y antes de volver me detuve, pensé un poco en las consecuencias.

Sabía que me esperarían con un reproche o un castigo. Pero no importaba, porque había conseguido ser libre y autónoma aunque fuera por unos segundos. Volví con una sonrisa que me ocupaba la cara completa y me castigaron por una semana sin montar… “Sólo eso”, pensé, sólo eso por los primeros minutos de libertad que acaricié con mis manos.

En ese tiempo la libertad significaba salir de la casa y del mandato de mis padres. Hoy son más cosas las que se involucran al pensar en la libertad que vivo como ser independiente, que vivimos como país. Todas las decisiones tomadas a lo largo de mi vida, a través de la historia en busca de ella, nuestros próceres con sus sueños, los ideales que nos dejaron grabados en el pecho de todo el que ama su tierra, libertad de pensamiento y de palabra y sin embargo a veces pareciera que tambalea… Libertad, que fácil fuera volver a subir en mi bicicleta y encontrarte plena.

Omar

Tenía 18 años cuando conocí a Omar, le decíamos Omar, pero sus amigos le llamaban Oma.

Omar fue mi primer contacto real con Haití. En un principio trabajó en la construcción de la nueva casa y luego pasó a ser empleado del residencial. Era amistoso y alegre, por lo menos eso es lo que recuerdo de él y lo que decía Doña Sofi, quien lo había contratado.

Fuimos los segundos en mudarnos, los trabajadores haitianos ocupaban una de las construcciones vacías, una casa con tendencias clásicas que quedaba al otro lado de la calle, en el lado más bajo. Fue la última en estar lista y por esto, el hogar de Omar en los años consecutivos. Vivía ahí con su mujer y varios compañeros más, se fueron yendo uno a uno hasta que sólo quedo él. Cada tarde los hombres se bañaban juntos en el patio. Mi madre se sentía molesta por aquella situación, pero nunca se vio nada fuera de lugar, aparte de que un muro alto les tapaba hasta el pecho. Yo lo veía más bien como un ritual del atardecer, donde unos lavaban las espaldas de otros. Una acción caritativa donde después de un pesado día de cargar bloques y empujar carretillas e incluso cocinar para ti mismo, otra persona lavara tu espalda y te despojara amablemente de tu última obligación.

Sabía tan poco de ellos.

Omar se fue poniendo flaco, por las noches daba paseos por la estrecha calle arropado con un traje gris que mi padre le había regalado para que pasara las madrugadas de diciembre que le quedaba como una manta. Su mujer ya no estaba. Años después mi madre nos contó que murió ahí, en la casa vacía. Omar también se fue y nunca volvió.

Hoy recuerdo a Omar, su cara sonriente, su servicio incondicional, en su honor escribo. Por ser el primero lo tomo como representante de todos aquellos que he conocido con el paso del tiempo. Pienso que su historia se acerca a la historia reciente de su país…

Vivo mi Haití a diario, cuando comparto hoy con todos esos amigos que perdieron tanto y con los que sólo perdieron la felicidad. Tantos nombres. Y aun así no sé nada, de lo que pasa por sus mentes, de lo que vendrá mañana y qué tan largo y pedregoso será el camino que los coloque en un futuro mejor si el pasado estaba oscuro ya. Quisiera ayudar, hacer mas, imaginar un mañana diferente, ser como los que están allá dando sus vidas pero lo que soy es nada en esa historia, alguien con unos cuantos cartones de leche enviados junto con los buenos deseos… Sólo eso.



lunes, 14 de diciembre de 2009

Navidad

La navidad toma sentido en los recuerdos…

Hoy quiero recordar lo que me hacía sentir esa emoción de la navidad en mi infancia, recuerdo tan real la brisa de diciembre y el sol oblicuo que nunca quemaba cuando nos sentábamos sobre la hierba en el patio del colegio, recuerdo los abrigos, el té de jengibre con leche, los bombillitos, los abrazos de mi padre y las noches de villancicos con el coro…

Hoy también he querido construir nuevos recuerdos para el futuro, crear nuevas costumbres que recuerden mis hijos, repetir lo que ya estaba grabado en el archivo que dice fiestas, cosas que volverán a mi memoria aun cuando esté en sentada en una mecedora mirando hacia el infinito.

Mi navidad se basa en construir y repetir un montón de situaciones alegres, vivir la nostalgia del pasado, pero sobre todo es época que invita a la admiración del entorno en los días de vacaciones.

De esta navidad recordaré muchas cosas. Pero lo que más recordaré es el cielo. Así como cuando niña esperaba el fresco, ahora esperaré las nubes y las lunas de diciembre. Todas las mañanas me levantaré y miraré por la ventana, sonreiré de la misma manera al contemplar el espectáculo. Admiraré sus increíbles colores y llamaré año tras año a mis hijos para que los vean hasta que un día se hayan ido. También cantaré villancicos junto al arbolito, como antes y comeremos gomitas de colores, pero las nubes serán las protagonistas. Iré a todas las fiestas, a la Basílica en autobús a escuchar la sinfónica, celebraré en todas partes, ansiaré escuchar cima sabor navideño, bailar algún merengue de los viejos y felicitaré a todos el 25.

Felices fiestas!

martes, 17 de noviembre de 2009

“Awkward”…


Sí, uso regularmente el spanglish, con más frecuencia de lo que entiendo necesario.

“Awkward”… es buena palabra. No es sólo una de mis palabras favoritas, ella con su personalidad extrema regularmente se presenta en mis días sin ser llamada. La utilizo sentada frente a mi monitor y me siento exactamente de esa manera ante las hojas vacías. Me intriga saber cómo se vuelve interesante desde que la pronuncias y creo que suena tan extraño y es tan difícil de pronunciar precisamente por la carga de significados que conlleva. Sé lo que es y lo he sentido muchas veces, pero como cultura general la he buscado en el diccionario… Incómodo, delicado, extraño, inoportuno, embarazoso, difícil, comprometedor, abochornante… “Awkward”.

La vida que llevo pareciera que camina por una línea paralela al suelo, tal vez es así ante los ojos de los demás, pero no. Está llena de situaciones de este tipo, que encierran esa palabra, la magnifican. Cuando la pienso me siento como una “airhead” diciéndola. A veces estas situaciones han dado risa, otras han dolido, otras más me han tomado de sorpresa y han quebrantado de tal manera la idea de la realidad que no me han dado tiempo a reaccionar y otras, las peores, han sido esperadas, sabes que se acercan como reuniones con horarios y aunque sufras las tienes que vivir.


Que tu doctor, en una consulta, te diga que sabe que estás dando mala referencia de él… “Awkward”.


Que le digas a alguien que se ve muy bien con una ropa y se te agüen los ojos (sin razón alguna)… “Awkward”.


Que la profesora de tu hijo te pregunte por qué estas inconforme con ella sin nunca haber hecho reunión… “Awkward”.


Que te caigas en medio de la calle sin haber tropezado con nada… “Awkward”.


Hay mas, muchas más, las dejaré para contarlas después como historias independientes. Pero hay una situación de este tipo que he vivido, la cual no quiero dejar pasar debido a su especial facultad de permanecer junto al recuerdo (porque nunca pasa): El reconocer que alguien a quien admiras ha decidido dejar de apreciarte… Puedes saber los motivos y hasta estar de acuerdo, pero nunca entiendes el proceso. Poco a poco va sucediendo, vas perdiendo algo que creías tener y te sientas a mirar cómo se encuentran las palabras que dan inicio al exterminio. Van cayendo los pilares, ninguna razón tiene sentido, por eso es mejor guardar silencio y observar cómo se desmorona una idea, porque el cariño es imaginario pero duele como un golpe fuerte. Te quedas tranquilo, con esa imagen de terremoto en la mente que dura todos los días y lo único que se te ocurre pensar es “Awkward”.